Aprendizaje de vida




El día de ayer en consulta hospitalaria, bajo un pleno desfogue de oxitocina en la habitación, la mamá, las dos abuelitas y una prima muy querida por la mamá, estaban presentes dispuestas a ver el enganche espontáneo de bebé.

En cuanto se le retira a bebé la ropa que tenía colocada, quedando solo el pañal, se pone en contacto piel a piel sobre el regazo de su madre y no se imaginan la cara de AMOR INFINITO de la mamá: mejillas sonrosadas, dilatación pupilar, unos labios color carmesí, aumento de temperatura corporal, rostro completamente enfocado en su bebé... enamoramiento, vinculación y maternaje en su máxima expresión. Todo esto mientras las demás personas se mostraban como espectadoras (me incluyo) para poder observar los reflejos adaptativos del bebé y alcanzar por sí solo el pecho.

Veo a mamá enamorada, las abuelitas con una cara de ternura y amor profundo por su nieto, la prima encantada con esa imagen y capturando el momento único e irrepetible de mamá al sentir a bebé piel a piel por primera vez. Y yo, solo siendo el medio para que mamá y bebé puedan lograr un enganche espontáneo. La vida me da ese regalo tan grande, que es poder confirmar que cuando nace un bebé que ha sido tan deseado, el amor es la principal guía en el instinto para cuidarlo y criarlo, que cuando mamá se siente acompañada, apoyada y dispuesta a aprender, todo es posible, y la lactancia fluye tan lindo... y si, que los que estamos fuera del contexto, no siempre estamos sensibilizados para dejar que la naturaleza haga su trabajo. A veces, como profesional de salud, lo más difícil es no hacer nada, la no intervención, cuando la naturaleza SOLA hace su trabajo.

Poco después, la mamá hizo un comentario que resonó en mí por el resto del día. “No comprendo el dolor tan profundo de las madres cuando dan en adopción a sus hijos, ¿cómo es posible que puedan seguir viviendo con ese sufrimiento?”, dijo. La abuela materna le dio una respuesta que la hizo comprender las distintas situaciones que rodean a las madres: “Sus razones tendrán, y son válidas, y no hay que juzgarlas, porque a veces es la única opción que tienen”. En ese momento intervine con un comentario que a mi noble punto de vista es lógico: “Tú y tu familia deseaban mucho a tu bebé, es por eso que estás tan enamorada de él. ¿Te imaginas lo que siente una mamá con un bebé no deseado? Bueno, es completamente lo opuesto a lo que estás sintiendo, pero con la misma intensidad”.

Ojalá todas las maternidades fueran así de deseadas, como es el caso de aquellas que se someten a tratamientos de fertilidad para lograr gestar una vida que se ha venido anhelando por mucho tiempo (éste era uno de esos casos). Los bebés deseados son bebés amados por toda su familia. Los bebés que no son deseados, pues bueno, son maltratados.

Dejemos de forzar a las parejas a tener bebés solo porque sí. Tener hijos no es un medio para la felicidad plena, esa ya debe de existir en ti, con o sin hijos. Los hijos son una finalidad que sí, implica amor incondicional, TIEMPO, pero también desvelos por el resto de tus días, frustración, llanto, limitaciones, y un gran etcétera.

Respetemos las decisiones de cada madre para desear o no hijos. Sus razones son válidas y más que válidas, deberían de ser legales.


Sobre la autora: La Dra. Miranda Acosta es IBCLC y tiene su consulta en León, Guanajuato, México. Pueden seguirla en su fan page de Facebook.  

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